Un
poco más adelante, por Unter den Linden, el bulevar desembocaba en
una de las ubicaciones geográficas más importantes de la literatura
alemana del siglo XX: Alexanderplatz, donde Alfred Döblin ambientó
su famosa novela Berlín, Alexanderplatz,
de 1929. La obra no solo pinta un vasto retrato de la mala vida en el
auténtico centro físico de Berlín, sino que se mantiene aún hoy
como una de las principales novelas aparecidas durante la república
de Weimar, aquella edad de oro alemana entre las dos guerras
mundiales, cuando el país experimentó una revolución creativa y se
afianzó como el gran innovador artístico de su época. Mucho de lo
que germinó durante la República de Weimar (las colaboraciones
entre Brecht y Weil, los densos Bildungsromans de
Thomas Mann o los visionarios largometrajes de la primera época de
Fritz Lang) era extremadamente vanguardista y en gran parte llegó a
redefinir el paisaje artístico mundial. La llegada del nazismo a
finales de los años veinte fue la pesada bota que aplastó ese breve
y fugaz interregno de alocada libertad creativa y de relajación de
las costumbres.
Douglas
Kennedy, El
momento en que todo cambió,
Barcelona,
Planeta, 2011, página 125.
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